1) Relea la primera actividad guardada sobre las tareas realizadas en su vida cotidiana, ¿sirven todas para enseñar lengua?, ¿por qué?, ¿seleccionaría alguna para llevar a una clase de lenguas extranjeras?, ¿con qué objetivo comunicativo?
Estas fueron mis respuestas a la pregunta “Piense en el día de ayer, ¿qué tareas realizó?”: “preparé la comida a unas amigas; hice mis deberes de inglés; asistí al primer día de un curso de lengua de signos”. Si bien todas son tareas de la vida real –mi vida del viernes–, sólo escogería a un par de ellas para una clase de L2 –y en uno de los dos casos, parcialmente, ya que habría que modificarla.
“Asistí al primer día de un curso de lengua de signos”
En efecto, durante mi primera clase de lengua de signos hubo mucha actividad comunicativa de la lengua, en concreto, de comprensión y de expresión, pues aprendimos, entre otras cosas, a formular en lengua de signos la pregunta de cómo se dice signando una palabra o expresión determinadas. Así pues, en esta tarea de la vida real que realicé el viernes sí hay actividades comunicativas de la lengua, pero sólo sirven para dentro de clase. Por lo tanto, estaríamos delante de una tarea pedagógica, útil en una clase de lenguas extranjeras para la dinámica de preguntar por nuevo vocabulario en la lengua extranjera que corresponda.
“Preparé la comida a unas amigas”
En cuanto a la tarea de preparar la comida a unas amigas, cabría la posibilidad de considerarla tarea comunicativa de la vida real si la reformuláramos, por ejemplo, haciendo que la acción principal no fuera tanto preparar, como explicar a mis amigas los pasos que voy dando en la receta a medida que la cocino. Sólo así se podría considerar que tal tarea implica la realización de actividades comunicativas de la lengua –en este caso, de expresión.
2) Relea y piense en las tareas que realizaba como estudiante de lenguas extranjeras en sus clases. ¿Alguna de ellas era una tarea de la vida real?, ¿cree que aprendió realizándolas?
Dejando a un lado contadas excepciones, recuerdo con hartazgo que lo que ha abundado a lo largo de mi vida como aprendiente de L2 han sido los ejercicios centrados en las competencias lingüísticas de tipo gramatical: en concreto, ejercicios de rellenar huecos u ordenar palabras para formar e interiorizar ciertas estructuras.
Por fin, en cursos recientes, han llegado a mis manos algunos libros de texto de inglés que incluían una sección llamada “Useful English”, en la que se reproducían, efectivamente, situaciones y diálogos útiles y presentes en la vida cotidiana de cualquier hablante. A parte de esta sección situada al final de cada tema, he de decir que el resto de tareas eran pedagógicas, es decir, comunicativas pero no relacionadas directamente con la vida real.
Con respecto a si he aprendido alguna cosa significativa realizando este tipo de tareas, mi balance final se traduce en una sensación agridulce: sé que he estado practicando continuamente actividades comunicativas de la lengua –especialmente, comprensión y expresión–, y eso está bien, pero la sensación permanente era que, al fin y al cabo, ese tipo de aprendizaje me permitía hacer muy pocas cosas en inglés cuando se trataba de la vida real.
Creo que has comprendido perfectamente que para aprender la lengua necesitamos usarla en tareas comunicativas y que el aula puede ser un espacio legítimo de uso de la lengua.
ResponEliminaMe ha gustado especialmente la referencia que haces a las tareas de tus clases como alumna, porque dices una cosa muy importante: a veces la comunicación en el aula no nos termina de preparar para llevar a cabo las tareas fuera del aula. Los motivos podrían ser muchísimos, pero creo que a veces ocurre algo que es complejo de identificar, porque tiene el traicionero disfraz de "comunicativo". Hay muchas clases que nos preparan para la comunicación, pero donde en realidad no se desarrollan estrategias para que el aprendiente pueda extrapolar dichos conocimientos al mundo fuera del aula. Otra cosa bien distinta es cuando en el aula realizamos tareas, en toda su complejidad y acompañamos al alumno en un proceso reflexivo que le permita transferir lo experiementado a otras situaciones. Creo que ahí está la clave, en esa segunda perspectiva.