dilluns, 18 de novembre del 2013

Conclusiones. Con mis propias palabras: ¿Qué es hablar una lengua extranjera?

Para empezar diremos que cuando una persona consigue hablar una lengua extranjera, puede haberlo logrado mediante muy diferentes vías y debido a necesidades también muy variadas, pero siempre podemos asegurar que ha conseguido llegar a hablarla porque la ha utilizado para hacer cosas, acciones de la vida real –las que sean, eso ya depende de para qué la necesite cada uno. 

Ya hace algunas décadas, esta evidencia llevó a un grupo de estudiosos del Consejo de Europa a replantear los esquemas hasta entonces vigentes sobre la enseñanza-aprendizaje de lenguas extranjeras. Así surgió un documento importantísimo llamado Marco común europeo de referencia para las lenguas (MCER). En él, se ponen en orden y se refundan los conceptos relacionados con la enseñanza-aprendizaje de lenguas extranjeras –o segundas lenguas, que también las podemos llamar así– y todo ello se lleva a cabo sobre la base de que, para conseguir hablar una lengua, hay que hacer cosas con ella.

Pues bien, el MCER, en el contexto de la enseñanza-aprendizaje de segundas lenguas, llama tareas a esas cosas o acciones que comentábamos. Pero claro, cualquier acción que se nos ocurra no puede recibir el nombre de tarea. En efecto, el MCER establece un requisito para las tareas, y es que tienen que ser comunicativas; es decir, en el proceso de llevar a cabo esas tareas, los estudiantes tienen que comprender y producir mensajes orales y escritos (comprensión y expresión oral y escrita, respectivamente), interactuar con otras personas oralmente y por escrito (interacción oral y escrita) y también hacer de mediadores oralmente y por escrito entre dos o más personas que necesitan de su ayuda para poder comprenderse entre ellas (mediación oral y escrita). ¡Pero no todo a la vez! Normalmente, cada tarea comporta una de esas actividades comunicativas de la lengua –que es así como el MCER bautiza lo que hemos colocado entre paréntesis– o también una combinación de ellas. Esto último es muy frecuente.

Teniendo claro ese requisito, un profesor puede optar por hacer dos tipos de tareas: tareas de la vida real o tareas pedagógicas. Las primeras son acciones que todos nosotros realizamos en nuestro día a día, mientras que las segundas sólo tienen sentido en el contexto de una aula. ¿Cómo las combina el docente? Pues eso depende ya de su voluntad, o mejor dicho, depende de la capacidad que posea para dar a sus estudiantes lo que ellos realmente necesitan. 

Esto es muy importante. Cuando hemos iniciado esta explicación, ha surgido la idea de que las personas hablan lenguas extranjeras debido a diferentes necesidades. Pues bien, esta información personal de los alumnos es de vital importancia para que el docente adecue los temas y los ámbitos de las tareas a la demanda de los alumnos, y decida el número de tareas de cada tipo que incorpora a las sesiones de clase. Eso de los ámbitos puede sonar un poco raro, pero simplemente se refiere a las parcelas de la vida en las que podemos usar una lengua: parcelas pública, privada, profesional…

También debemos decir que los alumnos de lenguas extranjeras no realizan las tareas comunicativas partiendo de la nada. Por suerte, tienen y/o pueden desarrollar lo que el MCER llama estrategias de comunicación, que, para entendernos, son como una serie de trucos mañosos que los alumnos aplican mientras realizan las actividades comunicativas de la lengua que correspondan –recordemos, en otras palabras: hablar, escribir, leer, escuchar, interactuar y mediar. Hablar una lengua extranjera tiene, pues, un poco de estratega.

Finalmente, y como consecuencia de todo lo que hemos apuntado hasta el momento, hay que quedarse también con esta idea: llegar a hablar una segunda lengua no es sólo llegar a ser competente lingüísticamente –todavía hoy mucha gente afirma con rotundidad que hablar una lengua extranjera equivale a saberse de pe a pa la gramática. Pues bien, nada más lejos de la realidad, ya que entran en juego muchas más competencias, destrezas y habilidades. Para hacernos una idea de hasta qué punto el alumno de una lengua extranjera cuenta con competencias diferentes a las puramente lingüísticas, sólo cabe echar un vistazo a la competencia llamada existencial, que muchas veces determina si un alumno acabará aprendiendo de verdad la(s) lengua(s) extranjera(s) que esté estudiando, pues en ella incluimos el factor de la motivación. Y ya se sabe que uno no aprende si no quiere… 




1 comentari:

  1. Perfecto broche final, puedes responder de una manera muy consistente a la pregunta que da título al curso.

    ResponElimina